Negociaciones por la Paz

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Negociaciones por la Paz
Raúl Zibechi
La Jornada  19/11/2012

El clima social ha cambiado. Lo que antes se decía a media voz, ahora se pronuncia abiertamente en calles, plazas y mercados. Los miedos históricos, que crecieron exponencialmente durante los ocho años del gobierno de Álvaro Uribe, van cediendo lentamente, aunque están lejos de haber desaparecido. En las ciudades se vive una situación bien diferente que en las áreas rurales, donde se hace sentir el poder armado denarcos y terratenientes.
El proceso de paz es sentido como algo irreversible por buena parte de la población. La esperanza es un signo de este tiempo en el que casi 80 por ciento apoya las negociaciones entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno encabezado por el presidente Juan Manuel Santos. Existen luces esperanzadoras y sombras que pueden abortar una vez más el camino de la paz. En todo caso, el escenario actual es bien diferente del que conocimos décadas atrás.
La primera diferencia es que la guerrilla llega muy golpeada a las negociaciones. Las últimas conversaciones, iniciadas en 1999, fueron consecuencia de los duros golpes tácticos infligidos por las FARC a las fuerzas armadas, que aprovecharon la distensión para recomponerse y dotarse de capacidad aérea y nuevas tecnologías aportadas por el Plan Colombia. Los militares colombianos, como buena parte de la clase dominante, siguen aspirando a aniquilar a la insurgencia, un viejo sueño que ahora se sienten en condiciones de hacer realidad.
En el país se especula con que uno de los objetivos del mando militar es provocar una división en la guerrilla entre quienes se sumarían a la desmovilización y un sector que podría continuar el conflicto. También es posible que descarguen un potente ataque para dar muerte a varios comandantes en medio de las negociaciones, como forma de presionar por concesiones.
La segunda cuestión que diferencia estas negociaciones de las anteriores es que los llamados cacaos, la élite del poder económico, acuerdan con Santos en la necesidad de llegar a un fin negociado con la guerrilla. Este sector, integrado por una burguesía urbana vinculada a las finanzas y la industria, apuesta a los negocios internacionales y a la modernización como forma de consolidar poder y ganancias. La imagen de un país en conflicto no suele seducir a los capitalistas.
Sin embargo, la arcaica clase terrateniente ganadera, cuyos intereses aparecen entrelazados con el narcotráfico y los paramilitares, no parece feliz con las negociaciones. La reciente masacre de 10 campesinos en un municipio del norte de Antioquia puede ser el comienzo de una escalada impulsada por este sector, que perdería poder con el fin del conflicto.
La clave de la paz es la tierra para los campesinos. La guerra de clases que comenzó hacia finales de la década de 1940 giró en torno de la tierra: terratenientes que se la arrebataban a campesinos que se armaron para defenderla. Lo que comenzó como una lucha por la sobrevivencia, para lo que crearon las autodefensas campesinas, se alargó en una guerra de cuatro décadas que se consuma en una verdadera contrarreforma agraria narco-terrateniente. Álvaro Uribe encarna a este sector.
La tercera diferencia es la realidad internacional y regional. El triunfo de Barack Obama beneficia los planes de paz de Santos y perjudica el obstruccionismo de Uribe. De todos modos, la Casa Blanca no tiene una política definida hacia América Latina, salvo la persistencia de la presión militar a través del Comando Sur. Pero los cambios que se siguen produciendo en la región empujan hacia el fin de la guerra colombiana.
La consolidación del proceso bolivariano luego del triunfo de Hugo Chávez implica que durante un largo periodo la diplomacia colombiana deberá elegir entre el conflicto o la cooperación con su vecino. Es claro que Santos optó por lo segundo. En Ecuador, luego de cuatro años Brasil vuelve a tener un peso decisivo. Estos días el BNDES firma el primero de una serie de préstamos para grandes obras de infraestructura que fue ganado por Odebrecht, la misma empresa que había sido expulsada en 2008.
El gobierno de Rafael Correa se había acercado a China en busca de préstamos para obras, pero los intereses son más altos y el país asiático exige petróleo como garantía de los préstamos. El gobierno ecuatoriano ofreció a empresas brasileñas que cuentan con créditos del BNDES un paquete de obras por 2 mil 500 millones de dólares (Valor, 12 de noviembre). El reposicionamiento de Brasil en Ecuador representa otra inflexión a favor de la integración regional, de la Unasur y del Consejo Suramericano de Defensa.
El cuarto aspecto es la difícil situación que atraviesan los movimientos sociales. Son ellos lo que podrían pesar en la mesa de negociaciones en temas decisivos como la tierra, mesa de trabajo que comenzó este 15 de noviembre en La Habana. Sin embargo, luego de algunos avances viven una situación de estancamiento y retroceso, sobre todo en las ciudades, donde la hegemonía cultural y política de las derechas es abrumadora.
El 12 de octubre los tres principales agrupamientos, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y la Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia, convocaron una jornada de lucha recogiendo las principales demandas de la sociedad. La respuesta fue escasa y se movilizaron básicamente los universitarios. Una cultura política de corte patriarcal, jerárquica y masculina, anclada en las disputas por espacios de poder, sigue dominando dentro de los movimientos y bloquea la apertura hacia las diferencias.
Se abren tiempos nuevos en Colombia. El fin del conflicto es una posibilidad entre otras. Todos los actores tienen un plan B ante la eventualidad de un recrudecimiento de la confrontación armada. Todos menos los pueblos indígenas, los afrodescendientes y los sectores populares urbanos y rurales. Como les viene sucediendo a los nasa del Cauca, ellos sólo ganan con la paz, al contrario que las multinacionales mineras y los combatientes armados.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/11/16/index.php?section=opinion&article=025a2pol&partner=rss

Accionar de paramilitares colombianos

Iadeg E568
Accionar de paramilitares colombianos genera desplazamientos en el Meta
27/10/2012 - teleSUR - El Espectador
La Defensoría de Colombia alertó que ha recibido información de que el grupo paramilitar Libertadores de Vichada habría cometido 11 crímenes, en la modalidad de sicarios, contra líderes  campesinos y sociales de la región de meta.
La Defensoría del Pueblo de Colombia alertó este viernes sobre un posible desplazamiento forzado de familias víctimas del conflicto armado, que fueron reubicadas en una zona del departamento colombiano de Meta, (centro), en donde en el último mes han sido asesinadas 11 personas por paramilitares.A través de su Sistema de Alertas Tempranas, la Defensoría del Pueblo denunció amenazas y presiones del grupo paramilitar Libertadores de Vichada, una disidencia del Ejército Popular Revolucionario Anti Comunista (Erpac)."La presencia de grupos armados ilegales en algunos municipios de Meta, se ha materializado en presiones y amenazas contra las comunidades de la zona rural y urbana, y de manera particular, contra las trabajadoras sexuales, las personas fármaco dependientes, los líderes sociales, la población campesina y los desplazados", precisó la Defensoría en un comunicado.Entre las víctimas se encuentran familias que ya habían sido desplazadas y residentes de predios que cedió el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, a modo de reparación.La Defensoría indicó que ha recibido información de que los Libertadores de Vichada habrían cometido 11 crímenes en la región durante el mes de septiembre del año en curso, en la modalidad sicaria, lo que habría motivado la salida de los campesinos.Entre las familias afectadas están las de varios líderes comunales que han denunciado presiones por parte de empresas dedicadas a la agricultura y la minería.El defensor del pueblo, Jorge Armando Otálora Gómez, resaltó la importancia de tomar medidas tempranas para evitar que este tipo de situaciones ocurran, y así lograr “el pleno restablecimiento de los derechos de la población campesina y desplazada”.Otálora exhortó a las autoridades correspondientes, a  unir fuerzas para luchar en contra del fenómeno de desplazamiento, y pidió que “el Programa Presidencial para los Derechos, coordine con todas las entidades del nivel nacional las acciones necesarias para atender esta situación con prontitud” precisó.El gobierno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, impulsó el año pasado una ley de restitución de tierras que persigue devolver, antes del fin de su presidencia en 2014, unos dos millones de hectáreas a cerca de 400 mil familias que se calcula que fueron desplazadas por la fuerza en Colombia desde 1991.                                                                                      Sin embargo, las autoridades y las ONG vienen denunciando que grupos de bandas criminales, integradas por antiguos paramilitares de extrema derecha, presionan a las familias reubicadas para que abandonen los predios, o en su defecto para que no puedan acceder a las tierras adjudicadas.

Diálogo y guerra por la paz en Colombia (I)

Iadeg E567
Diálogo y guerra por la paz en Colombia (I)

Daniel Martínez Cunill
Rebelión  4/11/2012

Cuando una guerrilla como las FARC se sienta a dialogar sobre las posibilidades de paz frente a frente con el gobierno de Colombia, además de enviar una señal de búsqueda de una solución negociada del conflicto, indica cual es su lectura del estado en que se encuentra la guerra.
El mismo criterio aplica para el gobierno de Colombia. Sentarse con la guerrilla implica un elemental nivel de reconocimiento de la beligerancia político/militar del adversario y una disposición a buscar soluciones políticas de consenso. Esto sólo es posible si el Estado se siente lo suficientemente seguro y consolidado -en lo político y lo militar- como para intentarlo.
El ideal para iniciar un diálogo de paz es un equilibrio de fuerzas, es decir que ambos contrincantes hayan llegado a la convicción de que no podrán vencer por las armas al adversario. En este caso concreto, que el Estado colombiano esté convencido que no podrá derrotar a las FARC por la vía militar y que a su vez la guerrilla constate que no podrá derrocar al gobierno por medio de la guerra. No obstante es muy temprano para asegurar que esa noción de equilibrio está presente en la actual mesa de negociación, a la que se asoman cautos los negociadores.
Por el contrario, hay indicios claros de que aún es mucha la beligerancia entre ambos bandos. Esa constatación sin embargo puede ser interpretada como un elemento alentador. Si las fuerzas están combatiendo y, a pesar de ello, se sientan a dialogar sin ni siquiera decretar un alto al fuego, es que guardan una razonable esperanza de lograr en La Habana una ruta hacia la paz.
El “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” firmado y divulgado por los delegados plenipotenciarios del Estado colombiano y las FARC-EP contiene las bases necesarias para ello y merece ser respaldado.
A favor y en contra
En estas pláticas, la disyuntiva no es estar a favor del gobierno colombiano o a favor de la guerrilla, la opción es estar por la paz y la dignidad del pueblo colombiano.
Sin embargo, la sola idea de una resolución pacífica del conflicto armado en Colombia desencadena una cascada de reacciones que parten del supuesto de que “por fin las FARC han entendido” la realidad de Colombia. Desde la contraparte también hay voces que consideran que es el Estado colombiano el que ya terminó por entender la insostenible dimensión que adquirió el conflicto.
Detrás del gobierno colombiano están los partidos políticos tradicionales (la oligarquía de liberales y conservadores), la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas (incluyendo los que están en retiro o en la cárcel), la jerarquía eclesiástica y empresarios de todo tipo (incluyendo desde luego a los dueños de los medios de comunicación).
A la inmensa mayoría de los representantes del Establishment (1) les resulta inaceptable que el gobierno de Santos acepte un proceso de negociación: Sus posturas son reclamar del Presidente y las FFAA una derrota militar de las FARC o, en el peor de los casos, que la guerrilla deponga las armas y renuncie a sus objetivos. El mercado negro de armas y de drogas son otros de los adversarios de la paz, por razones más que obvias.
Más reacios aún a la resolución pacífica del conflicto son la Administración estadounidense y la industria bélica. Ambos beneficiarios de una guerra que se prolonga por más de cinco décadas. Los beneficios del complejo militar-industrial norteamericano son obvios y no necesitan mayor explicación. Cálculos conservadores elevan la ayuda militar de Estados Unidos sobre los siete mil millones de dólares en el marco del llamado Plan Colombia
A favor de una resolución pacífica del conflicto están los colombianos de abajo, los que pagan con sus vidas y las de sus familias la agonía permanente de una nación. Junto a ellos se suman los pueblos de todo el Continente y aquellos que reconocen en la paz y la democracia las fuentes del desarrollo de los pueblos.
Definición del conflicto
Los sectores colombianos más reacios al diálogo político se resisten a calificar el conflicto colombiano como guerra civil porque implícitamente se le otorga estatus político a los actores del conflicto.
La manera en que cada actor entiende el carácter del conflicto, es muy importante. De allí que la discusión de si se trata o no de una guerra civil es decisiva. El conflicto armado colombiano debe considerarse como una guerra civil. Y no se trata de la cantidad de bajas que produce cada año (que se aproxima a las 3,500) sino principalmente porque aun cuando los actores de la contienda utilizan el factor militar como medio, sus objetivos son esencialmente sociales y políticos.
El desafío más importante que tienen los negociadores por la paz es llegar a un acuerdo mínimo del tipo sociedad que esperan construir y los pasos que se darán para lograr que los contendientes acepten un ordenamiento básico que todos respeten.
Probablemente la finalización del conflicto requerirá un momento de protocolo o formalización de acuerdos, otro momento de institucionalización y reincorporación ciudadana de los combatientes y de los derechos políticos y militares que se le reconocerán en una progresiva desmovilización.
El Estado es el poseedor de la hegemonía y en la negociación luchará para incorporar a guerrilleros y sus bases sociales de apoyo a una sociedad en la que ejerce el poder y conserva el monopolio de la fuerza. La guerrilla negociará una salida que no implique una capitulación, que es una forma de derrota militar, y que propicie el reconocimiento de diversas excepciones ciudadanas de orden transitorio que los protejan y garanticen su supervivencia. Las experiencias históricas de desmovilización en Colombia, que terminaron en masacres y asesinatos selectivos de dirigentes, justifican ampliamente esas medidas de protección.
Estamos hablando de más de medio siglo de guerra en el que se han combinado de diversas maneras las milicias campesinas, la guerrilla, la acción militar del Estado, las intervenciones extranjeras y el narcotráfico. En los muchos capítulos de esta historia hubo procesos de negociación, unos más exitosos que otros, con grupos desmovilizados que corrieron distinta suerte, pero donde lo más oprobioso fue que muchos de sus miembros fueron asesinados después de la desmovilización.
¿Por qué es tan difícil alcanzar la paz?
Parece ser que hasta aquí las negociaciones de paz no han alcanzado a madurar porque las partes, más que echar las bases de un proceso pacificador, se sientan a la mesa de las negociaciones buscando medir lo que el adversario piensa, evaluar lo que demanda y hasta donde está dispuesto a ceder o a aceptar. Eso hace de las pláticas de paz un ejercicio táctico más que una acción estratégica. De allí sus debilidades.
Ahora bien, eso no es necesariamente una perversión; es una forma natural de contacto entre dos actores que se han enfrentado por décadas y que tantean un diálogo donde se mezclan vagas ofertas de paz con medición de las debilidades del adversario.
Negociar ideales de justicia social y democracia participativa en un mundo globalizado y reivindicar la soberanía nacional en medio de un orden internacional hegemónico, no son cosas fáciles. Entre otras cosas, esa ruta de negociación implica que en las filas del gobierno colombiano se conciba una opción alternativa a la de infligir la derrota militar al enemigo revolucionario y sea compatible con otras agrupaciones armadas colombianas de diverso signo.
Por el momento, el gobierno colombiano no sólo considera a las FARC como narco-terrorista, sino que además ha logrado que otros países y organizaciones internacionales compartan ese adjetivo descalificador. Parte de la contribución de la comunidad internacional al camino de la paz en Colombia es reflexionar si es apropiado seguir insistiendo en ese tipo de definiciones, que en lugar de facilitar el entendimiento acentúan la contradicción.
A su vez, la guerrilla fariana no ha olvidado ni da señales de claudicar sobre las causas que dieron origen al conflicto y los objetivos políticos, económicos y sociales que sustentan el recurso de las armas. La apertura del campo internacional a respaldar un proyecto con viabilidad material y política sería una gran contribución a la paz de Colombia y a la de toda América Latina.
Insistimos en ambos puntos porque hasta el momento las reacciones internacionales son más bien frías y no demuestran el entusiasmo y compromiso que desataron, por ejemplo, la oposición Libia contra Gadaffi o la actual oposición siria. Un llamado a valorar lo que la paz y la democracia significan para el continente latinoamericano no estaría demás. Con la creciente mundialización de la política ningún lucha nacional, ningún movimiento social interno, es ajeno al contexto internacional.
Conclusiones iniciales
Es posible que el gobierno colombiano y las FARC puedan resistir todavía a la prolongación de la guerra civil. Pero el eje de una negociación por la paz descansa (debería descansar) en que para el pueblo colombiano la contienda ya resulta insostenible. Por esta sola razón, y por las reivindicaciones democráticas y de Derechos Humanos que ambas partes esgrimen, las negociaciones de paz se han convertido en un imperativo moral.
No se tratará entonces de ganar la guerra, sino de ganar la paz, que resulta tanto o más difícil que el conflicto mismo.

NOTAS:
(1) Entendiendo el Establishement como la élite económica e intelectual de una sociedad que pone por encima de sus intereses específicos su rechazo a un cambio social que les arrebate sus privilegios.

Diálogos de paz se trasladan a La Habana para segunda fase

Iadeg E566
Diálogos de paz se trasladan a La Habana para segunda fase
Telesur  18/10/2012
Durante la reunión que sostuvo en Oslo el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC se vieron las diferentes posturas. Lo que quieren ambas partes es llegar a la paz de a poco, hoy sentaron públicamente las posiciones, la próxima reunión será en Cuba el 5 de noviembre.
Los representantes del Gobierno colombiano y las FARC se reunirán el 5 de noviembre en La Habana para la segunda fase de conversaciones, en las que se abordarán una agenda de seis apartados, que comenzará por la parte de "política de desarrollo agrario integral",punto importante en un país donde los casos de campesinos que son despojados de sus tierras son constantes, y el "fin del conflicto".Será el próximo cinco de noviembre cuando se inicie formalmente la segunda fase del diálogo de paz,  con una reunión preparatoria en Cuba que dará pie a la negociación formal el 15 del mismo mes.De acuerdo con la información difundida desde Oslo, en Noruega,  el Gobierno y FARC abordarán una agenda de seis apartados, que comenzará por la parte de "política de desarrollo agrario integral",                                                                                                                                                            El siguiente punto a debatir será el de la "participación política" de los guerrilleros de las FARC (unos ocho mil 500), una vez alcanzada la paz en ese país suramericano.En el acuerdo de agosto, las partes dejaron los apartados de "solución al problema de las drogas ilícitas" y de "víctimas" para negociarlos después de que hayan superado el "fin de conflicto".Las negociaciones de este punto serán un "proceso integral y simultáneo" en el que el Gobierno y las FARC asumirán cuestiones trascendentales como las de "cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo", sobre el que ambos llegaron con discrepancias a esta instancia.Los insurgentes pidieron la declaración previa de un alto el fuego conjunto en la guerra, pero el presidente Juan Manuel Santos ha mantenido firme  la decisión de que las fuerzas de seguridad únicamente suspenderán sus operaciones una vez que se firme un acuerdo final de paz.El apartado de "fin del conflicto" también incluye el asunto de la "dejación de armas", que en términos literales del acuerdo comprende la "reincorporación de las FARC-EP a la vida civil -en lo económico, lo social y lo político- de acuerdo con sus intereses".La mesa cerrará sus conversaciones con el apartado de "implementación, verificación y refrendación", que será su última fase, a partir de un acuerdo final y con consensos sobre acompañamiento internacional o presupuesto, y sobre mecanismos para hacer seguimientos y vigilar el cumplimiento de los compromisos.Los gobiernos de Cuba y Noruega ejercieron como garantes de las "conversaciones exploratorias", que contaron con los de Chile y Venezuela como acompañantes. Quedó acordado que los cuatro seguirán con la misma condición en las etapas siguientes del proceso.La etapa que comenzó este jueves, en Oslo, se considera la segunda de un proceso que es el tercero de carácter formal que las FARC asumen con el Estado colombiano, con el que se sentaron a la mesa de negociación de 1984 a 1985, y de 1999 a 2002, en ambos casos sin el resultado esperado.La otra guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional, ha manifestado su voluntad de sumarse al proceso actual.

Relación China-Colombia

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Relación China-Colombia llega a "punto de inflexión", dice presidente Santos
BEIJING, 10 may (Xinhua) -- Las relaciones entre China y Colombia se han desarrollado desde las buenas intenciones hacia proyectos concretos que beneficiarán a ambos lados, dijo el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en una rueda de prensa celebrada la noche del miércoles en Beijing.

Santos calificó de "productiva" la primera jornada de su primera visita de Estado a China, en la que se reunió con su homólogo chino, Hu Jintao, para firmar nueve acuerdos de cooperación en diversos terrenos, incluida la intención de iniciar un proceso para negociar un Tratado de Libre Comercio.

"Esta visita nos da un punto de inflexión", dijo el mandatario colombiano.

Ambas partes acordaron cooperar en agricultura y ganadería, buscando el acceso de productos colombianos como la carne al mercado chino, además de las exportaciones de productos energéticos, añadió.

En cuanto a inversiones específicas, Santos destacó el interés expresado por China en participar en la construcción de un oleoducto que tendría su estación terminal en el Pacífico colombiano, lo que facilitaría la logística para hacer llegar el crudo del país cafetero a Asia.

Asimismo, los dos gobiernos han conversado sobre la factibilidad del proyecto de una red ferroviaria para conectar el centro del país andino con las costas del Pacífico, con el objetivo de incrementar la exportación del carbón hacia Oriente, en lo cual ya hay interés concreto de varias empresas chinas.

En concordancia con uno de los acuerdos binacionales, China donará 20 millones de yuanes (3 millones de dólares) para proyectos de energía solar en Colombia.

Santos señaló que poco a poco se ha ido incrementando el número de visitas de personalidades chinas a Colombia, desde el nivel gubernamental hasta la empresa privada, y viceversa. "Es la hora de pasar de las visitas a los proyectos concretos", manifestó.

El jefe de Estado colombiano insistió en que su país y China son compatibles en cuanto a la estructura de desarrollo, y en que si logran identificar los proyectos y pasos específicos, esta visita se traducirá en grandes beneficios para ambas partes.

Según estadísticas aduaneras, el año pasado el volumen del comercio binacional alcanzó 8.227 millones de dólares, con un aumento interanual del 39 por ciento. China se ha convertido en el segundo socio comercial del país andino, después de Estados Unidos.

Santos aseguró que China también ha mostrado un "inmenso interés" por la Alianza del Pacífico, integrada por Chile, Colombia, Perú y México, y que va a ser formalmente establecida el próximo junio. De acuerdo con el mandatario, el interés del país asiático significará para la Alianza más inversión y acceso a mejores oportunidades.

Santos llegó a Beijing el martes, a invitación de su homólogo chino, Hu Jintao. Se trata de su primera visita a China desde su investidura, en agosto de 2010.

Durante su estancia, del 8 al 12 de mayo, se reunirá con varios altos funcionarios chinos, y visitará la metrópoli oriental de Shanghai.

2011 LATINOAMÉRICA Y CARIBE. Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos - web: bello.daniel@yahoo.com.ar
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